Hoy por hoy tenemos cantidad de información, de explicaciones científicas para todo, tenemos nuestras necesidades básicas y no tan básicas cubiertas con creces. ¿Qué voy yo a plantearme sobre el estilo de vida de Jesús? No me hace falta, NO LO NECESITO. No necesito comerme el tarro. Los valores cristianos, psudoasimilados por el Nuevo Estado Laico (y convenientemente manipulados por el grupo político de turno) me han configurado una sociedad en la que sé qué está bien socialmente y qué está mal o no es aceptable social (y políticamente).
Personalmente no me afecta el que un grupo de ateos haga apología de sus ideas de una forma tan ingeniosa como poner un cartel en los autobuses urbanos. Simple y directo, ha creado una polémica sana, es decir, no creo que haya un enfrentamiento violento, sino un debate en la sociedad que creo bueno y beneficioso para todos. Imaginaos que ponemos una grandísima pancarta en la fachada de la parroquia diciendo "Dios te ama, alégrate" Quizá ahora diga más que la estatua de turno, ¿o no?. Ahí queda.Y analizando el mensaje: Probablemente Dios no existe, disfruta de la vida; ¿es que somos los católicos unos amargados? ¿No disfrutamos de la vida? ¿Por qué se nos identifica con algo gris y falto de alegría? Probablemente es que no han ido nunca de campamento...
Y en esas estamos. No sé si éste es el bus que nos va a ganar la partida que dice Sole. En todo caso, y a pesar de las líneas anteriores, los creyentes que nos han precedido, de los que hemos recibido el testigo de ser profetas, portavoces de la Palabra, no lo tuvieron más fácil que nosotros. Hubo un tiempo que se les perseguía y masacraba (Saulo-San Pablo, cuyo año celebramos, da testimonio), también se les consideraba apestados, teniendo que ocultarse para celebrar la misa. Aún hoy en día, en muchos países fuera de nuestra burbuja de bienestar, mueren apóstoles por dar testimonio con su vida. El bus que nos ha tocado lidiar, siguiendo el símil de la Sole, es luchar contra la increencia, o mejor, contra la indiferencia ante Dios. Despertar conciencias, agitar a los adormecidos por los algodones, abrir los oídos de verdad.
Yo he recibido el testimonio de mis padres como creyente. Ellos han sido mi ejemplo de ser cristiano y de familia cristiana. En mi familia he "mamado" la fe, y por tanto ellos son los primeros referentes. También mi tía es ejemplo de entrega diaria y de esperanza y generosidad, una mano abierta para acompañar y estar pendiente de los demás, del que sufre enfermedad. En el colegio tuve también suerte, pues dí con varias personas que han sido señal o modelo a seguir (Jesús Rico, Ángel, Miguel Ángel Aguarón, Carlos López...). En la parroquia todos conocemos a más de uno (y de una, que luego Ra se enfada) que es ejemplo de testigo. Una vez me escribió una catequista mía que se alegraba de verme en el equipo de catequistas a pesar de que ella era la que menos habría influenciado en ello. Bueno, pues a veces, muchas, nuestro pequeño y pobre testimonio puede suponer señal, brújula para el que viene detrás. Y bien sabemos los que salimos al monte lo que un pequeño montoncito de piedras o una vereda apenas visible puede suponer para que uno llegue a su destino sano y salvo.
Por cierto, quisiera saber si el jurado (¿rige?) admite jamones como soborno...
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