martes, 8 de enero de 2008

ES QUE ÉSTO ES UN POCO COMPLICADO

Hola a todos.



Si a los demás miembros del grupo les ocurre lo que a mí, los jueces lo lleváis claro.

Digo yo, ¿ no podríamos seguir un caminito, sin salirnos del trayecto, que Soledad propone y los demás trabajamos los textos ?. Que ésto es difícil, Sole; los ejercicios de escurrirse el coco para tus alumnos y para nosotros las cosas sencillitas.


LLevo dándole vueltas al asunto desde que se propuso allá por... ¡ el año pasado ! y aún no he encontrado una respuesta.
Es como cuando en el colegio, en clase de plástica, nos daban una plantilla para poder hacer un dibujo; la remarcabas en un papel, coloreabas el interior y quedaba estupendo. Yo ingenua había pensado; cogo la plantilla (Jesús) y la voy colocando sobre todas aquellas personas que más han marcado mi vida y verás tú que pronto tengo yo mi referente cristiano, vamos, ésto va a ser coser y cantar.

Pues mira tu por donde que va a ser que no.




Lunes 12-01-2009:

Después de varios días llego a la conclusión de que mi planteamiento de búsqueda no es el correcto. Es que buscar en una persona lo que admiro de Jesús es harto difícil, o quizá es que soy muy exigente, o quizá sencillamente es que no sé buscar. Pero una cosa tengo clara; la presencia de Jesús a lo largo de mi vida la he encontrado más en los detalles de las personas que tenía alrededor que en los momentos de recogimiento. En los actos de los demás encuentro que Dios está vivo. Y la suma de todos esos encuentros son los que a mí me han servido para tener un referente y no perder el norte.

Pero como ésto va de centrarnos en una persona, pues yo quiero resaltar la figura de mi abuela Irene. Es difícil intentar expresaros con palabras la marca que esta mujer ha dejado en mi vida. Si evoco mi infancia sólo aparecen recuerdos de los momentos que viví en su casa: los días de verano con la bici y los patines, las tardes de los sábados a merendar, el olor de las rosas en el jardín, las travesuras a las pobres tortugas, el maravilloso puré de lentejas,.... y detrás de todo ello siempre su imagen. Menudita, unos ojos azules claros en una mirada transparente, unas manos pequeñas y rechonchitas, prodigiosas para la cocina y para todo lo que fueran muestras de cariño, un pelo blanco suave y meloso .... No recuerdo haberla visto nunca desarreglada.
Y en tan pequeñito cuerpo sólo resaltaba algo; su corazón. No tenía medida para regalar sonrisas, para ser comprensiva y paciente, para restar importancia a los errores de los demás y mérito a sus quehaceres, siempre acompañados de una larga y sufrida enfermedad, para decir mucho con el silencio y el apretón de la mano, .....
Recuerdo coincidir muchas veces con la visita del párroco para darle la comunión, el ritual de la mañana dominical con la televisión puesta para escuchar la misa, guardando un silencio sepulcral como si de la iglesia misma se tratara,....
Ella es para mí el reflejo de que el sufrimiento es más llevadero cuando lo acompañas de resignación, cuando comprendes que Dios algunas veces nos lleva por caminos difíciles de transitar, en los que el dolor estará presente. Un AMOR desmedido, servicial y desinteresado, una FE celebrada y comulgada, son las únicas razones válidas que encuentro para que una madre siga con ganas de vivir y de entregarse después de perder un hijo sacerdote en un país que no es el propio, con las barreras de su enfermedad impidiendo poder ir a visitarlo, ...... Nunca hablamos de ello, y no porque fuera un tema escabroso en casa sino porque en temía hacerla sufrir con mis preguntas. Cuando faltan las personas nos damos cuenta de todo lo que no dijimos, de todas las muestras de afecto que dejamos de dar.
Os confieso, con algo de vergüenza, que muchas veces imagino cómo será mi encuentro con ella en el valle de Josafat.
Al que queráis os la presentaré. Os dejará tan encandilados como a mí.
Un abrazo grande para todos.


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