sábado, 27 de diciembre de 2008

Primer encargo: Números 6, 25-26

2 de diciembre de 2008

Soledad, Silvano y Timoteo saludan a los miembros de la Iglesia del Carmen. Os deseamos todo lo que dice Números 6, 25-26 (a ver si volvemos a coger una Biblia, que están las hojas oxidadas...). Continuamente damos gracias a Dios por todos vosotros y os recordamos en nuestras oraciones.
Si queréis saber:
1.-Quiénes son Silvano y Timoteo
2.-Por qué saludan a la Iglesia del Carmen de esta manera
3.-Por qué dan gracias
Os recomendamos que leáis los tres primeros capítulos de la primera carta a los Tesalonicenses.
Continuará...

3 comentarios:

  1. María Algaba (16 de diciembre)

    Hola a todos!!!
    Ahí os dejo lo que me ha hecho pensar el texto que hemos leído...

    Pues para mi Silvano y Timoteo son todas aquellas personas que de una manera u otra me han inculcado la fe, me han guiado por este camino que es seguir a Jesús. Esas personas son mis padres, familia, sacerdotes, catequistas, monitores del campamento y amigos. Con todos y cada uno de ellos me he sentido Comunidad, Iglesia y aprender y
    profundizar en mi fe era una tarea árdua pero gustosa. Y qué hay de los demás? Qué hay de mi parroquia de Almería? Del sacerdote Don Francisco que da la misa todos los domingos? Me siento también con ellos Comunidad? Pues sólo en parte. Los domingos en misa es fácil estar a gusto y sentir que uno forma parte del grupo, pero ahí se acaba todo, entre semana parece complicado sacar tiempo para participar en reuniones y actividades que organiza la parroquia, a veces por falta de tiempo y la gran mayoría de veces por falta de ganas, lo que me lleva a pensar que quizás entonces no me siento “Comunidad”, “Iglesia”. Y es que con el grupillo de Salamanca todo era más fácil, todos conocidos y todos amigos...en fin, todo requiere un principio... Siento que podría poner en boca de mis “Silvano y Timoteo” eso de
    “bien sabeis que hemos sido para cada uno de vosotros como un padre para sus hijos...” y es que debo dar gracias a Dios por los predicadores que ha puesto en mi camino, porque de verdad han sido los mejores.
    Pero... qué dirán ellos de mi? Estarán tan orgullosos como San Pablo de los tesalonicenses? Pues seguro que no, que si me enviaran un Timoteo para ver si he recaido la respuesta sería que sí, que una y otra vez, aunque no es el problema caer, sino darlo todo por perdido y no volver a levantarse, y de momento yo sigo levantándome y por eso ahora estoy aquí, en este grupo con las nuevas tecnologías...
    Y ahora me viene a la cabeza... soy yo también predicadora? Eso que dice el versículo 8 “Así es como desde vosotros se ha difundido la palabra del Señor, y no solamente en Macedonia y en Acaya, sino por doquier es conocida vuestra fe en Dios, de suerte que no tenemos
    necesidad de hablar de ella”. Esto a mi, de momento, me queda muy grande, si bien es verdad que en ciertos momentos (catequesis,
    campamentos) he podido esforzarme en dar ejemplo e intentar enseñar algo de lo aprendido a los demás, en la actualidad soy consciente de que no lo hago, habrá que ponerle remedio, a ver si algún día los que
    han sido mis Silvano y Timoteo pueden dar gracias a Dios por mi comportamiento ejemplar.
    Para terminar comentar que sí que me siento una “elegida” de Dios, afortunada por todos los que me rodean y porque, aunque a veces me
    aleje de Él, sé que siempre estará el camino visible para acercarme cuanto quiera...
    Pues ahí queda eso, termino como lo hace el capítuo 3 “que el Señor os haga crecer y sobreabundar en el amor entre nosotros y para con todos, como nosotros lo tenemos para vosotros. Que él fortalezca vuestros corazones en una santidad sin tacha ante Dios, nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos”.
    Un abrazo para todos

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  2. Raúl Corbacho (15 de diciembre)

    Buenas tardes a todos.
    No pienso esperar a empaparme de la Carta de San Pablo para escribir algunas lineas. Por ello, a modo de discurso bitaniano (esto es, deslavazado y caótico pero con el corazón) expresaré lo que, a dia de hoy (otro día puede ser otra cosa y procuraré escribirla) los primeros capítulos de la Carta me dicen.
    Lo primero a todos, Gracia y Paz.
    1.- Este que escribe, alejado en la distancia de muchos de vosotros, pero no por el cariño, he desado ardientemente poder volver a revivir la unión con todos vosotros para hablar de Dios, de la vida de Jesús, de las vidas de los apóstoles, de nuestras vidas, de nuestros deseos, de nuestras frustaciones, de nuestros anhelos, para hablar con Dios y, logicamente, para orar todos juntos. Aquí sentado en junto al ordenador a veces me parece ver vuestras caras, me parece ver el despacho parroquial o cualquiera de los salones de arriba do soliamos reunirnos.
    2.- He visto en el capítulo 2 una definición del apostol que evangeliza cuando reza de la siguiente manera " Dios es testigo, y vostros lo sabéis, de que nunca nos movieron la adulación o la avaricia; tampoco hemos buscado glorías humanas, ni de vosotros ni de nadie. Y aunque podríamos haber dejado sentir nuestra autoridad como apósotoles de Cristo, nos comportamos afablemente con vosotros, como una madre que cuida de sus hijos con amor. Tanto os queríamos que ansiábamos entregaros, nos sólo el evangelio de Dios, sino tambien nuestras propias vidas... Sabeís que tuvimos con cada uno de vosotros la misma relación que un padre tiene con sus hijos, exhortándoos, animándoos y urgiéndonos a llevar una vida digna de Dios..."
    Si esta es la definición de apostol que evangeliza ... mi vida queda lejos de lo que señala San Pablo, pero sí me siento como un tesalonicense respecto de los apostoles que Dios ha puesto en mi camino, pq sí reconozco en estas palabras a dos evangelizadores.
    Ahora que no me escucha (ni me lee probablemente) nadie, he de confesaros que, en mi vida, hay dos sacerdotes de una parroquia de Salamanca, que está en la plaza de los bandos (y no me pidáis más datos pq nos lo voy a dar) q satisfacen, al menos desde mi punto de vista, lo que dice San Pablo. En resumen, a mi me hacen sentir un tesalonicense y, por ello, estoy, por un lado, orgulloso pq aún siguen existiendo apóstoles que guían comunidades y, por otro lado, tengo el compromiso de tratar de llevar a mi vida aquello positivo que encontraremos en la vida de los tesalonicenses.
    3.- Por último, habla San Pablo también "de los sufrimientos y ultrajes que, como sabeís padecimos en Filipo". Esto me lleva a preguntarme por los obstáculos que me impiden una relación continua con el Señor. Muchas veces se piensa en la sociedad, en el resto de la gente, que si la oferta de la sociedad ... y cada día estoy más convencido que los sufrimientos y los ultrajes están en cada uno de nosotros, en concreto en mi. Espero que esto me sirva para vencerme a mi mismo que es, muchas veces mi peor enemigo.
    Este tesalonicense se despide. Gracia y Paz.

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  3. COMENTARIO A TESALONICENSES (Soledad-5 de diciembre)

    Dice Miguel Salvador, en el capítulo de 1Tesalonicenses del Comentario al Nuevo Testamento que edita La Casa de la Biblia:
    La carta va dirigida a la iglesia de los tesalonicenses (…). Pablo no escribe a individuos aislados, sino a una comunidad de fe. Lo cual no significa que las personas individuales no le interesen. Le interesan y sabe muy bien que Cristo ha muerto por todos y cada uno; pero en línea con todo el pensamiento bíblico, piensa en primer término en la comunidad de salvación. Y aunque con el término iglesia designe directamente la comunidad cristiana local, la referencia a la Iglesia universal en cuanto nuevo pueblo de Dios parece evidente. Desde muy pronto Pablo tiene clara conciencia de que todas las iglesias locales no son sino prolongación y realización concreta de la única y universal Iglesia de Jesucristo. Y como tales tienen que comportarse.
    Se trata además de una comunidad –iglesia, asamblea- absolutamente original. Sus miembros no son simples ciudadanos que se reúnen para resolver democráticamente sus problemas socio-políticos. Han sido elegidos, convocados por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor, y a ellos pertenecen.(…)
    Tres ideas principales parece oportuno resaltar en este pasaje: la temprana mención de la fe, el amor y la esperanza como realidades constitutivas de lo específico cristiano; la inevitable presencia de dificultades a la hora de vivir comprometidamente el evangelio; y la primera alusión paulina a que la venida gloriosa del Señor es algo inminente.
    En cuanto a la fe, el amor y la esperanza como componentes fundamentales de la existencia cristiana, están agrupados tan espontáneamente que se trata sin duda de una formulación anterior a esta carta. Tal vez lo específico de Pablo esté en los calificativos que añade. Porque no se trata de una fe, un amor o una esperanza cualquiera, sino de una fe activa¸ de un amor esforzado, de una esperanza firme. En efecto, el cristiano cree y la fe le introduce en el mundo de la salvación y de la luz, mientras que los demás pertenecen al mundo de las tinieblas; pero esa fe ha de encarnarse en la vida como fuerza dinámica y operativa que desemboque en la conversión y el servicio. Tras las huellas de Pablo y sobre todo de Dios, el cristiano ama; pero no con un amor puramente sentimental. Amar de veras exige entrega, desprendimiento, generosidad; Pablo lo sabe y elogia el esfuerzo del amor a la vez que previene contra el cansancio. Finalmente el cristiano espera. Se trata por supuesto de una esperanza que le proyecta hacia un futuro glorioso y por lo mismo encuentra en ella una fuente inagotable de alegría, mientras que los que carecen de esperanza viven condenados a una irremediable tristeza. Pero no se trata de una actitud que nos arranque del mundo y del tiempo presente: el cristiano que aguarda esperanzado ese futuro glorioso en el más allá de este mundo y esta historia, debe también llevar responsablemente sobre sus hombros el peso de la historia humana, y debe luchar intrépidamente aquí y ahora contra toda clase de mal y de opresión. Pablo recuerda a los tesalonicenses cómo acogieron el evangelio en medio de tribulaciones, pero con profunda alegría.

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